El Velo

El Santo Rostro es un Velo que mide cm. 17×24, desplegado y protegido en un marco entre dos hojas de vidrio y es tan sutil que no se puede extraerlo del relicario sin correr el riesgo de dañar la Imagen impresa misteriosamente. Por lo tanto todavía no ha sido averiguado científicamente el tipo de fibra que a primera vista parece ser un antiguo biso marino, una muy preciosa “seda del mar” también hallada dentro de unos sarcófagos de las pirámides egipcias, el “lino fino” mencionado cuarenta y seis veces, ni más ni menos, en la Biblia.

Los hilos horizontales son bastante ondeantes, el tejido es de estructura ordinaria, de modo que urdimbre y trama se cruzan en la forma más sencilla como en una normal tejedura y es tan tenue que la Imagen es visible sea desde la parte anterior que desde la parte posterior del sagrario. Si detrás del Velo diáfano se pone un periódico, se puede leerlo fácilmente incluso desde lejos. Hay la efigie de un hombre de cabello largo, con la cara tumefacta, la frente ensangrentada, la nariz contusa (Mr 15, 17; Mt 27, 29) y una mejilla hinchada (Jn 18, 22). El tono de color es marrón y el rojo claro de los labios anula cualquier aspecto material.

La luz floja de una vela, aplastando la matización, puede evidenciar las manchas lívidas del rostro golpeado (Jn 19, 1-3). Los ojos miran muy intensamente hacia arriba de modo que se puede ver el blanco del globo del ojo bajo el iris y las pupilas totalmente abiertas, pero en una manera irregular. La boca semi-abierta parece estar a punto de proferir la palabra AMOR (1 Jn 4, 8 “Dios es amor”) y la mirada atónita y a la vez muy benévola y consoladora, pues en verdad el Amor del Redentor hacia nosotros es tan grande que incluso después de su Pasión dijo a sus discipulos “yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20).

No sólo las ampliadas fotografías digitales, realizadas por el prof. D. Vittore de Bari y por el prof. G. Fanti de Padua, sino también las observaciones bajo luz ultravioleta confirman que no hay pintura sobre el Velo. La experta iconógrafa B. Paschalis Schlömer demuestra que el Santo Rostro de Manoppello se sobrepone perfectamente a la Imagen de la Sábana Santa de Turín (con más de diez puntos de referencia) y el Prof. Andreas Resch aclara que la admirable identidad, enternecedora hasta las lágrimas, confirma la autenticidad de las dos Reliquias visto que sin lugar a dudas no puede ser una mera casualidad: resulta evidente el mismo Rostro de Jesucristo, su Resurrección al tercer día de su Deposición de la Cruz (Lu 9, 22)

Heinrich Pfeiffer, catedrático de icononografía e historia de arte Cristiano en la Universidad pontificia Gregoriana, explica que el Velo fue considerado también en los tiempos antiguos “ảχειροποίητος”, es decir no humana obra de arte y que esta sagrada Imagen sirvió de modelo a las representaciones posteriores del Santo Rostro, incluidos los retratos en las catacumbas romanas del siglo IV. Afirma además que Nuestro Señor no nos ha dejado sólo su Palabra en la Sagrada Escritura, sino también su Imagen que se produjo en la tumba cuando una radiante energía sobrenatural quizá alumbró (1Jn 1:5 “Dios es Luz”) el “lino fino” empapado en áloe y mirra, fotosensibles ‘aromas’ (Jn 19, 39-40) dejando la impresión del inmenso evento, la evidencia divina de la Pasión, Resurrección y Gloria sempiterna de Jesús (Mt 28, 7; Lu 24, 51; Hch 1, 9).

Volto Santo

“… y el sudario* que cubrió su cabeza, no junto a las vendas**, sino plegado en un lugar aparte.” (Jn 20, 7)

* ”Soudarion” – el Santo Rostro de Manoppello, venerado antaño en Roma y llamado Verónica – “vera icona” = verdadero icón. (H. Pfeiffer).
** ”Othonia” – la Sábana Santa de Turín: superpuesta, esta
Imagen coincide perfectamente con el Velo de Manoppello. (B. P. Schlömer)